Lógica del lenguaje, Proyectos en curso

Juicio sobre la Hache.

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La Hache es la letra estirada del diccionario. Consume tinta pero no aporta. Aunque deja patente su presencia, nos tiene retirada la palabra. No trabaja, mas ¡pobre del que se olvide de su cuidado! Su utilidad es cribar el grano de la paja. Separa a los hombres de colegio de los hombres de instituto, pues su porte es aristocrático.

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Siempre está ahí, en el plan de educación, en las palabras que han de aprender los niños con tesón, como si su función quedara fuera de toda duda. Y ése es el parecer de la Hache. No sólo piensa que es imprescindible en nuestro diccionario; no sólo lo piensa: lo sabe ¿Por qué no habla?: para dejarnos claro hasta qué punto se lo permitimos. Tiene un sillón en el abecedario por derecho nobiliario.

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Hay que reconocer su belleza. Como un collar de perlas, se admira. Es pura afectación. Ganas de demostrar. Prestancia inútil. Pero no hay espacio en nuestro idioma racional para los lujos. Ni en nuestra cultura negra y triste:

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Claro, que si el collar, en vez de perlas, es de ridículos volantes de tela blanca, entonces no es afectación ni nada que se le parezca…

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Patriotas republicanos fusilan a la letra H, debido a su conducta antidemocrática.

Esta letra debe desaparecer por su manifiesta inutilidad. Se mantendrá, provisionalmente, en el fonema ch, pero cualquier otro uso no está justificado y supone un derroche de tinta, energía y papel. En resumen: mantener la Hache en el abecedario es escribir por encima de nuestras posibilidades.

Mariano

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Lógica del lenguaje, Proyectos en curso

Reflexiones sobre el español científico.

  Primera parte:

      <<Nosotros hubiéramos querido poder adoptar una reforma general, propuesta en nuestros días, y a la cual caminamos sin duda, que haría de nuestro idioma el más sencillo y lójico de todos los europeos de esta parte. Hubiéramos querido que no tuviese el alfabeto más signos que sonidos tiene la lengua, y que cada signo representase exclusivamente un sonido constante. Así la h desaparecería de nuestra escritura, ya que su significación ha quedado sólo en algunas partes como un provincialismo censurable, y la v, cuyo valor se ha perdido también casi enteramente, sería sustituida por la b; la c y la g tendrían un carácter único, sonando aquella en ce, ci, como en ca, co, cu, y quedando, por consiguiente, abolida la q en los dos casos de que, qui, en que hoy se usa; de la misma manera que la g sonaría suave en ge, gi, como en ga, go, gu, sin necesidad de interponer la u; la z y la j serían las que remplazasen a dichas letras en los casos en que se escribe actualmente ce, ci y ge, gi; la ch y la ll, que pueden considerarse como sonidos propios, deberían ser representadas por nuevas letras simples o por una vírgula unida a alguna de las letras actuales, a la manera que en la ñ; y lo mismo debería hacerse para diferenciar el sonido fuerte de la r, sin necesidad de escribirla doble; en cuanto a la i y la y, gozando este sonido de la doble naturaleza de vocal y consonante, sería quizá más conveniente emplear una sola de ellas para ambos casos que reservar una para cada oficio; y respecto a la x, mientras el uso no la estinga, sustituyédola con la s, como parece ser su tendencia, también sería preferible conservarla para expresar el matiz particular de su pronunciación, en vez de descomponerla en cs, porque esta combinación no siempre la representa con exactitud.>>

Varios autores, 1853.

Prólogo al Diccionario enciclopédico de la lengua española: con todas las voces, frases, refranes y locuciones usadas en España y las Américas españolas, (Pág. 3). Madrid: Imprenta y Librería de Gaspar y Roig, 1853. 2 volúmenes (1058 p. y 1393 p.). Colección “Biblioteca ilustrada de Gaspar y Roig”.

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